lunes, 27 de octubre de 2008



No nos podemos permitir ser débiles
unidos, ni cobardes
por separado en este tiempo tan hostil,
dorado y hueco
de buitrs y de bajas
temperaturas.


...........................No podemos
querer menor miseria que un desnudo
ni conformarnos con amanecer
tal lejos de la espuma.

Nosotros, buenos hijos y sórdidos prodigios
de nuestras propias fieras
-solemos elegir las más brutales:
la guerra, una ciudad,
la posibilidad
de que el amor exista, DIOS o el odio-

daremas como herencia más dolor
porque vivir supone
agonizar despacio y quien no puede
camina en línea recta.
........................................No podemos
hablar, decir un nombre sin sospecha.


Nosotros no podemos
estar sin ser ni parecer lo mismo,
anochecer sin pájaros violetas,
serr libres y que no nos pase nada,
quedarnos hasta tarde a sola con la tierra.


Amar o destruir,
sin dar la vuelta al mundo
me encuentro ante la puerta de tu casa,
besando tus tobillos y no puedo
decir que yo soy yo en este verso
ni tú en qué espumas
y nadie es ya la mejor poesía.


No puedo coexistir sin tu eistencia,
no puedes no regar los nomeolvides
y me remito hasta tus besos sobre
los hombros transparentes del profeta.


No puedo con la sed de ilusiones infinita,
que no te toque la esperanza, el árbol
de gotas de limón
que te persigue hasta los ojos huecos.
Las tablas del monarca con su ley
se prenden en el hueco de tus muslos
y el humo tiene aroma de bandera.


No puede ser que cientos nos plagiasen
tan antes de nacer,
aquel lugar sin tiempo
donde podrías respirar tranquila
la libertad de no inventar el tiempo
y los horarios fríos y salvajes
de lo doméstico y ferroviario,
donde nacer supone ser escrito.


Vivimos siempre en una eternidad marchita
y ahora
no puedo
no recobrar mi condición humana
y de presencia pura.


No puedes olvidar que hoy tú existes
porque yo escribo en esta página
y una palabra tuya bastará
para salvarte.


Desmárcate, si puedes, de la Historia:
tendrás la vida.
La virgen de los miserables,
según parece, no cuajó.

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