martes, 8 de mayo de 2012

Cuando el relámpago, nube sería;
bandera de mástil inhiesto en guerra,
si amor, el cuerpo más enamorado
y pétalo al llegar las primaveras.

Sería sed al encontrar un lago
o la profundidad desconocida,
el muerto el día de todos los santos,
en el café la afilada sonrisa.

Y sin relámpagos, amor ni guerras
suenan las siete de la madrugada
del invierno más crudo conocido.

¡Qué discretas se han vuelto las violencias!
Nadie sueña su sangre derramada
cuando sueña la muerte estando vivo.

1 comentario:

Íñigo Laquerrá dijo...

Me ha gustado bastante el soneto, Aitor.