miércoles, 3 de diciembre de 2008

Madrid

Despierta, enorme,
los ojos
de luces, luz de la prosperidad
que siempre intenta
diciembre,
el niño viejo de los años.

De sus entraña trepo al cielo
y se levanta pretenciosa,
altiva,
viva casi, como si saltara.

Y tú me esperas bajo
la geografía de su corazón de humo,
bandera desgarrada de tus sueños.

Me pierdo en sus arterias,
te busco
y me despisto
entre fachadas hoy aburguesadas,
desvelos de poetas,
mendigos, drogadictos
y otros convalecientes.

Y así te encuentro y nos devora,
amables sus comercios
y sus cafés,
el frío a medias que permiten las campanas,
incienso envenenado de automóvil.
Humanos, masas,
olores, voces, luz, luz, luz...
pura energía, acaso vive en quien la vive
y arrastra
los pies contra su piel tan dura y
se siente cerca,
más cerca,
de aquel amor que un día hipotecaron
las deudas y las dudas, las noches y los días,
aquella promesa, que suena
hoy tan estúpida, en que creímos.

-Estás muy seria...
-Llegas tarde.

No sabes cuánto te pareces a Madrid.

1 comentario:

Rosalie dijo...

Eso, es Madrid. Me ha encantado.

(Y gracias por traer a García Montero y preguntarle con una camisa de cuadros rojos).