lunes, 15 de marzo de 2010

Termina y se despega como si fuera un trapo
estrángulándose y tú un chorro de agua
ya inútil.

El vaso de un yogurt
que ya se ha terminado.

O como quien se quita un guante,
un grano, piel quemada.
Y tú te quedas ahí, sin detenerte a comprender.

Tú nunca escuchas.
Mejor. Así te vas a ahorrar el grifo,
la exclamación al ver
"¡oh, cuánto ha echado",
o que demuestra con su puntería
que está orinando -algo importante
para él, por qué si no esá música amarilla.

Así que vas a hacer un castillito
de soledad,
vas a dejar que pase,
vas a poner todas tus ansias
entre tus muslos
y vas a imaginarme en frente,
mirando.

Llevas toda la vida sola.

El vuelve y te pregunta por la mancha de la cama,
se llena el pecho.
Están tan cerca
la soledad y la mentira.

Pues sí, es que yo, es que tú, es que todo,
oh somos tan geniales...
Pero antes de dormir, sobre su espalda me imaginas
acariciándote hasta el sueño.

3 comentarios:

Óscar Santos Payán dijo...

Buen poema. El placer es mutuo. Un abrazo

Hache dijo...

¡Queremos más! ¡Casi 15 días sin poemas! ¡Más! ¡Más!

Maríal dijo...

Hola, te dejo un comentario como te prometí. Hablamos el otro día sobre los recitales cuando fui a comprar el libro de Ernesto.

Me han gustado mucho tus poemas, especialmente los de "escombros y semillas".

Espero volver en breve y que puedas recomendarme algo.

Un saludo